jueves, 29 de abril de 2010

PERDIDOS: LA RESUPUESTA FINAL

Mientras que en las grandes salas se proyectan películas de dudosa calidad, las series de televisión se encuentran en su momento álgido. Hoy en día, no hace falta ir al cine para disfrutar de una buena historia. Las series ya no se limitan a entretener, sino que se ven obligadas a satisfacer a una audiencia cada vez más exigente. En la actualidad generan discusiones y teorías entre sus seguidores. Plantean preguntas a la audiencia que no se producían desde que alguien mató a Laura Palmer en Twin Peaks.

Este año pequeñas obras maestras de la televisión como "A dos metros bajo tierra", "Los Soprano", "Dexter" o "Mad Men" quedan rebajadas a un segundo plano porque otra gran producción llega a su fin. El 23 de mayo se emite el último episodio de "Perdidos" - simultáneamente en todo el mundo - y las expectativas de sus seguidores son quizá demasiado altas. La serie ha planteado tantos misterios desde su primera temporada que parece imposible una resolución plenamente satisfactoria.

Desde la tercera temporada, los guionistas acordaron la fecha para el final de la serie. Sólo harían tres temporadas más. Declararon que ya tenían claro el desenlace, pero tenían que desarrollar los acontecimientos que llevarían a él. La última entrega comenzó con un ritmo lento y una reducción en la calidad de los guiones, pero continúo tratando los temas universales de siempre: destino, libre albedrío, redención, ciencia y fe. Todo ello acompañado de la música de Michael Giacchino (compositor en Up) y un elenco de actores de la talla de Michael Emerson y Terry O'Quinn. Y es que "Perdidos" se ha renovado de manera magistral en todas sus temporadas. Es un rompecabezas que, humildemente, me recuerda bastante a algunas novelas del realismo mágico de Sudamérica por su estructura no lineal y por la necesidad de tener que ordenar cronológicamente distintos acontecimientos. Primero se incorporaron los flashbacks de los personajes, más tarde los flashforwards o flashes del futuro y, por último, los flashes de una realidad alternativa. Ahora la audiencia debe encajar las piezas.

Ya desde la primera, aparecieron misterios bastante alejados de la realidad: un paralítico que vuelve a caminar en la isla, unos números que parecen tener un significado en las vidas de los náufragos, un monstruo de humo negro o el hecho de que los personajes se crucen en momentos pasados de sus vidas por alguna razón. Algunos de estos temas ya han sido respondidos y, en consecuencia, el show ha perdido parte de su magia, al no contentar a todos con su resolución. Desde que se introdujo la ciencia ficción en la cuarta temporada, algunos se sienten defraudados; sobre todo, por el hecho de que sus creadores y guionistas dijeran que no meterían viajes en el tiempo.

A falta de cuatro episodios, la sexta temporada, aunque tiene un leve aroma a primera, se aleja bastante de lo que muchos esperábamos. Hace escasos días acabaron de rodar el último capítulo. Así que la suerte está echada. Para disfrutar de la recta final, hay que contemplar la serie en su conjunto, como si acabásemos de poner la última pieza en un enorme puzzle. Aunque al final todo sea un sueño de Resines es difícil que "Lost" no marque un hito en la historia de la televisión, sobre todo por lo bien que nos lo ha hecho pasar.


Jorge Lanza

martes, 20 de abril de 2010

AVATAR (O UNA BONITA TARDE EN EL PARQUE DE ATRACCIONES)

Todavía recuerdo el día que fui a ver Match Point a los cines Avenida. Acababa de llegar a Madrid y estaba abrumada por todo lo que me ofrecía la capital, no había sentido mi pueblo tan pequeño en toda mi vida. No he podido olvidar los carteles gigantes que plagaban las fachadas de la Gran Vía, especialmente uno de Antonio Banderas, que al estar pintado a mano le hacía una nariz muy aguileña. Eran carteles imperfectos pero con mucho encanto. Sin embargo, el tiempo pasa para todos, las cosas cambian y estas pinturas han ido desapareciendo. Hace dos años cerraron los cines Avenida y en su lugar han construido un H&M, una tienda de ropa barata de importación que está ahora muy de moda, los entendidos dicen que es la mejor que la cadena ha puesto en la capital. Situaciones similares han vivido otros cines del centro de Madrid, el último el Palacio de la Música hace menos de un año. Lo que conocí cuando llegué ha ido desapareciendo. Ahora, para ver una película de estreno hay que ir a los grandes centros comerciales de las afueras, porque al parecer ir al cine por si mismo resulta insuficiente, muchos no lo conciben si antes no han hecho unas compras para la familia. Dicen que esto es fruto de la evolución. Y en 2010 se ha hecho especialmente patente con la instalación de la tecnología 3D en gran parte de las salas españolas. Cadenas como Kinepolis fueron pioneras hace años pero ha sido la película Avatar, con su reclamo publicitario, la que ha dado el impulso definitivo. Y si hay algo que James Cameron sabe hacer tan bien como dirigir películas es ganar dinero. Un filón millonario como este no podía desperdiciarse y la película llega a modificar lo que hubiera sido su final lógico para dar paso a lo que será una trilogía. Otras, como Furia de titanes, que no he tenido el placer de ver, incluso han adelantado su estreno para aprovechar este filón.

Algunos sentimentales no aceptamos que el cine sea simplemente dinero y entretenimiento a base de efectos especiales. Sino que es mucho más. Emoción, identidad, cultura. No olvidemos eso nunca. Porque una buena película te puede alegrar el día y quedan millones de grandes historias por contar. Entre los nuevos formatos y la imposición del doblaje, ¿dónde quedará el cine español? Aunque a muchos les duela también forma parte de nosotros. La evolución es necesaria e inevitable, pero barajemos las consecuencias. Al igual que el cine en sus inicios comenzó como atracción de barraca, hasta hace unos años el 3D estaba limitado a los parques de atracciones, no era más que una manera de pasar el rato. Es un privilegio poder disfrutar así de grandes películas y no de los tristes documentales de animales marinos que ofrece, por ejemplo, el Imax de Madrid. Sin embargo, asusta pensar que dentro de unos años la forma haya superado definitivamente al contenido y las salas de los centros comerciales estén copadas por la tecnología 3D para la séptima parte de Piratas del Caribe, mientras que directores como Roman Polanski o Todd Solondz queden relegados a pequeñas salas marginales. Quizá para entonces al público ya no le interesen las reflexiones sobre la vida porqué esté muy ocupado viendo explosiones nucleares.

Ojalá que Avatar no se convierta en el canon de película a seguir. Porque podría ser una buena película, pero no lo es. Nos introduce en un universo fantástico, totalmente innovador, y no pretendo menospreciar sus valores técnicos y artísticos, que desde luego tiene y son muchos. Como ya demostró en Titanic, James Cameron es un autentico visionario, un excelente director capaz de levantar a público y crítica. Sin embargo, es un mediocre guionista y eso pesa. Sería un detalle que alguien le explicara que las películas que no pasan de dos horas y media son igualmente dignas, y que la mayoría de las veces se agradece. La historia de Avatar ya nos la han contado mil veces y quinientas de ellas mejor narradas. Detrás de ese enternecedor mensaje de defensa de la naturaleza, en la que la malvada raza humana está acabando con todo a su paso sin razón aparente, la película acaba reducida a una historia de buenos y malos en la que al protagonista lo define su silla de ruedas y al villano una cicatriz en la cara, bien podríamos estar ante una cinta de Disney que sale directamente en dvd, pero se trata de la película del año. Cuando salí del cine estaba cansada, aburrida y sentía que me habían tratado como a una idiota. Mi sorpresa fue mayúscula cuando pregunté a mis acompañantes, todos estaban encantados, radiantes, emocionados, parecía que en lugar de salir del cine acabaran de bajar del Dragon Kan. Meses más tarde, la Academia de Hollywood reafirmó la teoría de mis amigos ensalzando Avatar como una de las mejores del año. Los críticos decidieron premiar la originalidad y los nuevos formatos, ¿quien busca ya enamorarse del protagonista, ir al cine a reír o llorar, si puedo ver unos impresionantes señores azules volando de flor en flor? El consuelo que me queda es que finalmente no le dieran el oscar a mejor película, al menos este año ganó el cine.

Estamos ante el futuro. Pues qué pena.

Almudena Vázquez