Todos hemos pensado alguna vez sobre el hecho de convertirnos en héroes; vestirnos un atuendo característico e impartir justicia a base de golpes. El protagonista de la película, Dave Lizewski, decide llevar a cabo este sueño universal. Según él, un superhombre no debe tener habilidades especiales, sólo optimismo y un alto grado de estupidez. Con esta afirmación no cabe duda de que lo que vamos a presenciar no va a ser una historia demasiado épica.
Mark Millar crea un nuevo concepto de los héroes: no son tan puros como Superman, ni tan marginales como los Watchmen. No buscan el bien común, ni la redención. No son incontrolables como Hulk, ni tienen poderes que conlleven una gran responsabilidad como Spiderman. No son tan infalibles como Batman, ni tan cutres como SuperLópez. Son simplemente humanos de carne y hueso que utilizan las redes sociales de Internet para promocionarse. Aquí se rompe con el tópico de los héroes como proscritos. No combaten contra el crimen para garantizar la seguridad ciudadana, sino por motivos más individualistas. Kick Ass, apasionado de los comics, busca ganarse reputación a base de impartir justicia; mientras que los héroes más competentes: Big Daddy y Hit Girl sólo quieren saciar su sed de venganza.
Destaca un guión más propio de Tarantino o Guy Ritchie que de un cómic para niños. Ni rastro de paladines educados y puritanos en esta película. Son personajes que no se cortan a la hora de acabar el trabajo y no se cuestionan tanto la moralidad de sus actos como los clásicos. La violencia y el humor negro son constantes, pero a pesar de ello se puede percibir humanidad entre tanta sangre.
No es una obra maestra que será recordada en la historia del cine, pero la gente que la vea no la olvidará fácilmente. Dosis de risa y entretenimiento aseguradas.
Jorge Lanza
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